La tristeza también existe
Vivimos en una dinámica que nos empuja a ir siempre deprisa. Parece que debemos aceptar cualquier noticia o acontecimiento sin tiempo para procesarlo, sin derecho a detenernos y sentir tristeza, rabia o dolor, aunque sea de forma temporal para poder seguir adelante. Da la sensación de que, si te muestras triste o te ven llorar, enseguida se interpreta como un problema que hay que tratar, cuando en muchas ocasiones se trata simplemente de una reacción humana ante una situación difícil. Esta tendencia es fruto de la inmediatez que domina nuestra sociedad. Una maquinaria que, poco a poco, nos convierte en autómatas donde lo que impera es la apariencia de normalidad. Todo debe ir bien, las imágenes que compartimos deben transmitir felicidad, aunque no siempre sea real, y mostrar vulnerabilidad parece estar mal visto. Sin embargo, las malas noticias existen y forman parte de la vida. Necesitamos tiempo para encajarlas y asimilarlas. De hecho, especialistas en salud mental advierten...