La tristeza también existe
Vivimos en una dinámica que nos empuja a ir siempre deprisa. Parece que debemos aceptar cualquier noticia o acontecimiento sin tiempo para procesarlo, sin derecho a detenernos y sentir tristeza, rabia o dolor, aunque sea de forma temporal para poder seguir adelante. Da la sensación de que, si te muestras triste o te ven llorar, enseguida se interpreta como un problema que hay que tratar, cuando en muchas ocasiones se trata simplemente de una reacción humana ante una situación difícil.
Esta tendencia es fruto de la inmediatez que domina nuestra
sociedad. Una maquinaria que, poco a poco, nos convierte en autómatas donde lo
que impera es la apariencia de normalidad. Todo debe ir bien, las imágenes que
compartimos deben transmitir felicidad, aunque no siempre sea real, y mostrar
vulnerabilidad parece estar mal visto.
Sin embargo, las malas noticias existen y forman parte de la
vida. Necesitamos tiempo para encajarlas y asimilarlas. De hecho, especialistas
en salud mental advierten de que no procesar adecuadamente los acontecimientos
negativos que nos afectan de forma directa puede enquistar el dolor y provocar
que, en el futuro, resurjan heridas emocionales que nunca llegaron a
cicatrizar.
Todos acumulamos cicatrices a lo largo de la vida. Para que
no se reabran, es necesario permitirnos sentir y expresar emociones como la
tristeza, el llanto o esos momentos de bajón. No deberíamos menospreciarlos ni
restarles importancia, ya que forman parte natural del proceso de adaptación y
recuperación.
Además, somos seres sociales y necesitamos compartir tanto
las emociones agradables como las desagradables. Sin embargo, al no aprender
desde pequeños a gestionar los golpes que inevitablemente trae la vida, muchas
veces respondemos a las preocupaciones ajenas quitándoles importancia en lugar
de acompañarlas. En vez de reconocer el dolor y ayudar a afrontarlo, tendemos a
minimizarlo, haciendo que quien lo expresa se sienta negativo o incomprendido.
Aceptar la tristeza no significa quedarse atrapado en ella.
Significa reconocerla, darle su espacio y permitir que cumpla su función para
poder seguir adelante de una manera más sana y auténtica.
Iliana
Capllonch, 4 de junio de 2026

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