LA MEJOR MEDICINA

Esos días que notas que te falta el aire al respirar, se te hace un nudo en la garganta y sientes un peso en el pecho, que por mucho que intentes tranquilizarte intentando dejar la mente en blanco y respirar profundamente y aún así sigues nervioso, sabes que la única mascarilla que permitirá volver a respirar es ir al hogar donde naciste.

Encontrar a tu padre donde siempre y que te reciba con una sonrisa amable, a tu madre que con su mirada comprende lo que necesitas, las paredes llenas de recuerdos, tu habitación que nunca ha dejado de serlo a pesar de que haga más de veinte años que no duermes en ella, es la mejor medicina, el insustituible ventolín.

Puedo cerrar los ojos y sentir la paz que necesito, no hablar y sentir que me entienden, llorar sin que me hagan preguntas si no me apetece dar explicaciones y compartir mis preocupaciones sabiendo que nadie me escuchará con tanto cariño como en esta casa.

Mi refugio, mi escondite, mi caparazón, mi lugar de desconexión y reencuentro con mi paz interior.

Doy gracias por tener este lugar donde los recuerdos me reconfortan y sus habitantes me quieren sin límites.

Espero que mis hijas el día de mañana puedan decir lo mismo de nuestra casa y que todas las personas puedan tener este lugar para destruir sus monstruos.


Port de Pollença, 19 de febrero de 2018
Iliana Capllonch


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