Silencio sanador y silencio destructor
El silencio puede resultar curativo cuando es consciente y necesario para descansar, desconectar o hacer mindfulness. Sin embargo, el silencio que, sin saber cómo, se instaura en las relaciones familiares o de amistad puede resultar devastador.
A veces, para evitar conversaciones incómodas, se inicia un silencio entre personas que se quieren. Para no herir diciendo lo que se piensa, se opta por callar y comienza un incómodo silencio. Pasa el tiempo y empiezan las rumiaciones en torno al porqué de esos silencios y al enrarecimiento de la relación. Aun así, se prefiere callar antes que aclarar lo que ocurre y se continúa como si nada.Pero, en el fondo, la relación ya no es la que era.
Empiezan los silencios incómodos, que dan lugar a todo tipo de rumiaciones sobre por qué se ha llegado a esta situación. Sin embargo, el miedo a las reacciones hace que se siga sin deshacer el nudo, que cada vez se hace más grande.
Así pasa el tiempo y, como las personas se adaptan a todo, ese silencio acaba instalándose y normalizándose. Hasta que llega un día en que, como las personas crecen y cambian a diferentes ritmos, a pesar del amor o la amistad que existieron en los inicios, aflora el motivo de ese silencio. Y entonces descubrimos que no era más que un cúmulo de malentendidos que han hecho que una relación que podría haber sido franca, natural y duradera se quiebre por las cavilaciones absurdas de la imaginación, más que por la verdad de cada uno.
Todo ello se podría haber evitado simplemente utilizando el lenguaje de la comprensión, el respeto y la tolerancia.
Todas las personas merecen ser escuchadas y comprendidas. Sin embargo, tendemos a juzgar sin saber qué piensa el otro, interpretando miradas que, sin tener ni idea de su verdadero significado, pretendemos descifrar.
Y esos silencios pueden llegar a acabar con relaciones que quizá nunca deberían haber terminado si se hubiera hablado a tiempo.
Iliana Capllonch, agosto 2026
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