La caja de tesoros
Un día te das cuenta de que el tiempo ha pasado, de que te estás haciendo mayor; tus hijos ya se van de casa, muchas personas de tu edad se están convirtiendo en abuelos y vamos perdiendo a nuestros padres. Yo misma perdí al mío hace un año. Entonces pienso en cuando era pequeña y veía a las personas mayores de mi pueblo, que me parecían muy viejas, mientras que yo todavía me siento joven. Y me pregunto: ¿cómo me verán ellos?
El ritmo que llevamos hoy en día apenas nos deja espacio para pensar ni para saborear los recuerdos que permanecen guardados en el disco duro de nuestra memoria. Sin embargo, a veces suceden cosas que nos obligan a detenernos y mirar atrás.
Hace poco, mientras vaciaba unas habitaciones de la casa de mis padres, encontré una auténtica caja de tesoros. En ella guardo todas las cartas que me enviaban mis amigos y familiares durante mi época de estudiante en Barcelona. Junto a ellas había fotografías y otros recuerdos: entradas de conciertos, pulseras y pequeños objetos que me transportaron a mi infancia, adolescencia y primeros años de juventud.
Aquel hallazgo me hizo pensar en la importancia de conservar los recuerdos, de poder tocarlos, releerlos y revivir momentos que creíamos olvidados. Y, curiosamente, unos días después, una conversación inesperada reforzó todavía más esa idea.
Mientras comía en un restaurante, una camarera muy joven empezó a hablar conmigo y terminamos conversando sobre las formas de relacionarnos. Me contó que le gustaba escribir a mano y que se carteaba con una amiga que vive en Australia, tanto por la diferencia horaria como por el placer de recuperar la tradición de esperar noticias.
Aquella conversación me llevó a pensar que, quizá, el día de mañana ya no existan esas cajas de tesoros. La comunicación se realiza a través de mensajes y correos electrónicos que rara vez conservamos o volvemos a leer, y las fotografías permanecen almacenadas en dispositivos y nubes digitales. Entre las miles de imágenes que generamos cada día, resulta cada vez más difícil detenerse en una sola y otorgarle el valor especial que merece.
Me dio cierta tristeza pensar en cómo ha evolucionado la vida hasta llevarnos a este punto, en el que las fotos, las cartas y la espera se han transformado en inmediatez, exceso de información y una atención cada vez más dispersa.
El tiempo pasa y los recuerdos se van acumulando en nuestra memoria. Por eso es tan hermoso cuando una persona, una canción o una imagen nos recuerdan de dónde venimos, quiénes somos y cómo hemos llegado a convertirnos en quienes somos hoy.
Iliana Capllonch, 2 de junio de 2026

Es muy bonito Ili y tienes toda la razón.
ResponEliminaGuau primita ¡qué bonito!
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